A mitad de camino entre la muerte nomás y la muerte digna me dijiste lo que cuesta entre lágrimas sinceras.
Pensar que otros se quitan la vida y yo te pido que aguantes el dolor de la estadía para irte con la frente en alto, con semblante severo.
Nada más y nada menos. No hay salida, no.
Este es el final de tu vida.
Este es el momento en que nos abandonas. Ahora se te viene la imagen de un espejo mostrándote lo que hiciste, tal vez, lo que ganaste, lo que perdiste, o quizás te diluyas entre drogas.
Ya es tarde para peros.
Solo queda una gota en el tintero.
Tienes que ser valiente. No eres ni por asomo diferente.
La justicia de el instante con mayúsculas se hizo carne en tu pecho y con un latido se despide y de un expiro se vuela el pañuelo que agitabas desesperadamente.
Salud viejo. Brindaremos en el próximo año nuevo, serás recordado, serás como un sueño, un lugar de regocijo, de apoyo, un pañuelo y el que escuche mis lamentos a seis pies enterrado hasta que por fin desaparezcas.
Hasta que en paz descanses y la vida continúe, hasta que llegue el turno, esté despierto o esté dormido, aunque el tiempo pase y la película no deje de rodar!
Llegara el momento de recomenzar un viaje sin destino un viaje que tan solo los valientes pueden logar!

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